Hola mis flamencas

Hoy no existen diseñadores…no existen pasarelas…no existen tendencias…

Hoy vengo a contaros la historia de un vestido… ¿Un vestido? Si habéis leído bien, la historia de un vestido.

 

Yo concibo la moda flamenca como una manera de expresión, en la que cada diseño es único y hace aflorar los sentimientos de un modo distinto. No todas lucen y llevan la moda flamenca de igual manera…hay mujeres que transmiten alegría, otras fuerza, pasión, arte…y otras parece que ya nacieron con un traje de gitana puesto.

Sea lo que sea cada uno de esos vestidos fueron elegidos en ese momento por un motivo y no solo porque nos gustarán, sino porque nos ayudan a transmitir lo que en ese momento teníamos dentro.

Pues el vestido del que vamos hablar hoy,  también tiene su historia y no una sola…sino dos. Años separan una de otra, generaciones y  tiempo perdido  en un triste baúl.

Nuestra historia se remonta al año 73, en el ambiente se respiran aromas de magia y embrujo, algo importante se acerca y los  sentimiento son como un volcán en erupción.  El mes de mayo ya va llegar, y con él, la mayor exaltación del folclore alosnero.

Una jonvencita llamada Conchi Rangel Salguero quiere que ese año de cruz sea especial y quiere lucir como la más bella flor que pueda encontrarse en las Azucenas. Cualquiera no puede ser la creadora de su obra….y decide ponerse en las experimentadas manos de su tia Pepi Martín Salguero.

Ambas crearon, como si del más bello lienzo se tratase, el que sería su nuevo traje de  gitana. Tardes de hablar de tejidos, de talles, de hechuras (como se diría en el pueblo de Alosno).

Finalmente decidieron su tejido…una preciosa tela blanca con lunares en rojo, la cual adquirieron en tejidos Velazcos, que iría acompañada de mantocillo rojo.  Tras prueba y pruebas el vestido fue tomando forma y fuerza…cada vez quedaba menos para poder lucirlo a ritmo de soniquetes alosneros.

 

Los días fueron pasando y la gran noche llego, por fin Conchi podría disfrutar de su vestido nuevo. Noche de bíblicas, punteas, panderetas y cañas al compás. Muchas seguidillas y perrillas para luz. Volantes moviéndose como si trataran de darle forma a las voces de las reuniones.

 

 Pero como un sueño…la noche terminó y junto con esa noche el vestido pasó a ser guardado en la memoria de un triste baúl. Los años transcurrían, más noches de cruz llegaban y se ibán y el vestido seguía quedando en el recuerdo…pero no había llegado su fin.

 

 

 

 

 

 

 

45 años después… como un destello de luz, el recuerdo y la historia de ese hermoso vestido recobraría vida gracia a la hija de Conchi, Mercedes.

 

Mercedes decidió  que quería que ese año de cruz fuese especial y que más especial que llevar un vestido de su madre. Muchas vueltas son las que mercedes le dio a la cabeza, esta claro que no se trataba de un traje cualquiera…mucha historia se encontraba entre sus costuras y puntadas.

 

Finalmente Mercedes decidió que ese era su vestido, era el vestido que ese año la representaba y que por mucho que buscara entre diseñadores, fotos y más opciones, ningún otro vestido le haría sentir lo que con este sentía.

Al principio Conchi se mostró un poco reacia a la idea, pero solo fue por un breve momento de tiempo, porque ella sabía que Mercedes tiene algo especial que la hace billar con luz propia en la Cruz de la Calle Humilladero y que no habría mayor orgullo que verla “repiar” con su vestido.

Una vez más la historia se repetía pero con distintos actores…nuevamente los nervios de que llegara esa noche, nuevamente noches de bailes, cantes y panderetas, nuevamente el vestido sintió Alosno.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Conchi al ver a su hija al son de palillos y seguidillas…y supo que Mercedes y el vestido eran uno solo.